de autor anónimo.
Un sacristán, llamado Casquete, endiabladamente pícaro y hábil, bebe los vientos por los amores de la bella y joven mujer, bastante ligera de cascos, de Mastranzos el botero; un vegete amigo del Talmud y tan cerrado de puño que le crujen los huesos de las falanges de la mano con tal de no soltar dinero alguno. Así que entre Casquete y sus compinchados amigos, Tufa y Retoño, lograrán que Mastranzos acabe por ver lo blanco negro y lo negro blanco, al tiempo que Casquete decora la parte externa de la cabeza del cascarrabias y usurero fabricante de botas.